Seísmo en el sistema político portugués

A las 9:30 del domingo 1 de noviembre las campanas de gran parte de Portugal doblarán en conmemoración del terremoto de Lisboa de 1755, cuya magnitud fue tal que llegó a sentirse incluso en Madrid. Doscientos sesenta años más tarde, los lusos lidian con los efectos de otro seísmo, el que ha removido el sistema político portugués tras la celebración de las elecciones legislativas del pasado 4 de octubre.

Nuno Saraiva, director adjunto del Diário de Noticias, considera que Portugal está “viviendo un momento histórico. Lo que antes era de facto —que la lista más votada gobernase— ha dejado de serlo, y esto puede augurar lo que podría pasar en España en diciembre. Comenzamos a parecernos a las democracias del norte, donde esta forma de gobernar es normal”.

Los resultados de los comicios han propiciado una situación in- édita: el Gobierno conservador que se forme ahora podría durar solo 10 días. Pese a obtener el mayor nú- mero de votos, la coalición conservadora formada por el Partido Social Demócrata (PSD) de Pedro Passos Coelho y el Centro Democrático Social (CDS-PP) de Paulo Portas se quedó, con 107 diputados, a nueve escaños de la mayoría absoluta. La suma de los 86 esca- ños obtenidos por el Partido Socialista (PS), los 19 del Bloque de Izquierda (BE) —grupo compuesto por maoístas y trotskistas—y los 17 del Partido Comunista (PCP) abre la puerta a una coalición de izquierda.

El presidente interviene
Pese a no tener una mayoría absoluta, la coalición conservadora confiaba en seguir gobernando. La histórica enemistad entre los socialistas, el BE y los comunistas obstaculizaba una alianza de la izquierda y los conservadores esperaban que Costa acabase prestándoles su apoyo para salvaguardar la frágil economía lusa. El jefe de Estado, el conservador Aníbal Cavaco Silva, les encargó formar un ejecutivo la semana pasada, argumentando que “en los 40 años de democracia portuguesa la responsabilidad de formar gobierno siempre se ha atribuido a quien ganó las elecciones”, y calificando a la izquierda de “inconsistente”, sin garantías de estabilidad. Mientras la izquierda organizaba sus posiciones, los conservadores intentaron llegar a un entendimiento con los socialistas para formar una gran coalición de gobierno, ofreciendo a Costa el puesto de vice primer ministro.

Sin embargo, los comunistas decidieron entrar en acción. “La situación política requiere un paso al frente por el bien de los trabajadores”, explica João Oliveira, líder del Grupo Parlamentario Comunista. “La izquierda forma una mayoría en la Asamblea, y eso refleja el deseo de la mayoría de los portugueses. Por eso hemos ofrecido conciliar posiciones con los socialistas para formar una coalición o, al menos, impedir que continúen las políticas del PSD-CDS.”

Tras sumarse Catarina Martins, líder del BE, la unión de la izquierda quedó consolidada y lista para aupar a António Costa, el exalcalde de Lisboa y actual líder del Partido Socialista, al puesto de primer ministro. “Hoy acaba el Gobierno de Passos Coelho”, declaró Martins al salir de su reunión con el líder de los socialistas lusos.

Un gobierno de 10 días
Tras la toma de posesión del gobierno propuesto por Passos Coelho —fijada por la presidencia de la República para este viernes 30 de octubre— el futuro del mismo se decidirá en los 10 días posteriores. En ese plazo el primer ministro tendrá que presentar su programa de gobierno ante el Parlamento. No conseguir el apoyo de la mayoría supondrá la caída inmediata del Ejecutivo. “Estamos ante el que probablemente será el gobierno más breve de la historia de Portugal”, opina Raul Vaz, director de Diário Económico y Económico TV. Cavaco no tendrá otra opción que encargarle un nuevo Gobierno a Costa, por mucho que deteste hacerlo”, afirma Vaz. No obstante, previa consulta con los líderes parlamentarios, Cavaco Silva podría optar por mantener un Gobierno en funciones hasta que se puedan convocar nuevas elecciones (no antes del mes de mayo).

Mientras tanto, el Partido Socialista ha iniciado las conversaciones, de manera separada, con las distintas fuerzas de izquierda en busca de un acuerdo de gobierno. De alcanzarse, el pacto sería firmado públicamente por los tres lí- deres de izquierda, Antònio Costa, Catarina Martins y Jerónimo de Sousa. En principio, los términos del acuerdo no se darán a conocer hasta que se confirme la moción de censura, una vez que Passos Coelho haya presentado en el Parlamento su programa de gobierno.

Las mismas fuerzas de la izquierda que facilitarían la llegada de Costa al Palacio de São Bento podrían complicar el mandato del socialista. El exregidor de Lisboa se encontrará con un país económicamente débil y se verá condicionado por las “líneas rojas” de unos socios empeñados en revertir las políticas de austeridad desarrolladas por el ejecutivo anterior.

“Aunque apoyen la investidura de su gobierno, no está claro que el BE o el PCP estén dispuestos a participar en el mismo, y lo podrán tumbar cuando quieran”, explica Vaz. “Dadas las diferencias de principios —el PS se ha comprometido a cumplir con todas las obligaciones con Bruselas y la OTAN, mientras que el BE y los comunistas tienen compromisos sociales con sus votantes—, es muy difícil que un ejecutivo Costa cumpla con su mandato de cuatro años.”

Oliveira, el líder parlamentario comunista, confirma esta realidad: “No negamos nuestras diferencias con los socialistas. Nuestro primer compromiso es con el pueblo portugués”.

Órdago de la izquierda
“La jugada de Costa —observa Saraiva— es tremendamente arriesgada. Si sale bien y logra esquivar los obstáculos políticos y econó- micos que tiene ante sí, demostrará ser un genio, convirtiendo una derrota en triunfo. Pero si las cosas salen mal —y existe una enorme probabilidad que sea así—, Antònio Costa no solo será responsable de su propia muerte política, sino de la de la izquierda portuguesa.”

“Los votantes portugueses ni olvidan ni perdonan”, apunta el director adjunto del Diário de Noticias. “Son sociológicamente de izquierdas, pero valoran la estabilidad. Antònio Costa se está haciendo con las riendas del país, y si eso lleva a una catástrofe económica, puede desequilibrar el panorama político portugués. La derecha adquirirá una dimensión desproporcionada y los socialistas, el Bloque de Izquierda y los comunistas se verán ninguneados por los electores durante al menos una década”, concluye Saraiva.


Publicado originalmente en el semanario AHORA, edición del 30 de octubre – 5 de noviembre 2015.

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