Tensión en el Palacio de Ajuda

Entre enormes columnas de mármol y figuras de cupidos danzantes, el XXI Gobierno de la República Portuguesa, liderado por el nuevo primer ministro socialista, António Costa, tomó posesión de sus cargos hoy en el lisboeta Palacio de Ajuda.

A pesar del entorno noble en el que tuvo lugar la toma de posesión, el acto se desarrolló en un ambiente tenso y poco cívico. El conservador Aníbal Cavaco Silva, el Presidente de la República que intentó evitar que la izquierda tomara las riendas del Gobierno a lo largo de los 53 días que han pasado desde los comicios legislativos del pasado 4 de octubre, sorprendió a todos con la dureza del discurso que enunció, en el que dijo que sólo le había encargado formar Gobierno a Costa porque la Constitución le impedía disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones.

El nuevo primer ministro se mostró visiblemente disgustado cuando el Presidente leyó advertencias de la OCDE y el Banco de Portugal sobre el rumbo económico del país, y especialmente cuando Cavaco Silva hizo la amenaza poco velada de “emplear todos los poderes que la Constitución aporta a la Presidencia de la República” para evitar que el Gobierno “se aparte del actual trayecto de crecimiento del país”.

Por su parte, Costa revindicó la legitimidad de su Ejecutivo, “fruto de un compromiso político mayoritario para crear más crecimiento, más empleo y más igualdad”; también aseguró que sería “el Gobierno de las garantías”, refiriéndose a su intención de mantener los compromisos de Portugal con la Unión Europea y la OTAN.

“Es una nueva época para Portugal y para los Portugueses,” declaró Costa. “Para dar respuesta real a los problemas del país necesitamos de la colaboración de todos los portugueses. No es un tiempo de crispación, sino de serenidad. Seremos el Gobierno de la moderación, liderando la alternativa realista, cuidadosa y prudente a la austeridad. Un Gobierno apoyado sobre una mayoría estable, duradera, para esta legislatura”.

Un total de 17 ministros y 41 secretarios de Estado forman parte del recién inaugurado Ejecutivo, el segundo más numeroso de la historia democrática del país, entre los cuales se encuentra la primera ministra negra –la titular de Justicia, Francisca Van Dunem– y la primera secretaria de Estado invidente –Ana Sofia Antunes, que lidera la Secretaria para la Inclusión de Personas con Deficiencias–.

Una curiosidad de este amplio colectivo de gobernantes es la cantidad de vínculos familiares que comparten: desde el “matrimonio ministerial” del ministro adjunto Eduardo Cabrita y su esposa, la ministra del Mar, Ana Paula Vitorino, al tándem ejecutivo padre-hija de José Vieira da Silva, ministro de Seguridad Social y Trabajo, y su hija, Mariana Vieira da Silva, secretaria de Estado adjunta al Primer Ministro. El Gobierno incluso cuenta con la presencia de ilustres como João Soares, ministro de Cultura e hijo del legendario ex presidente Mário Soares, o el menos conocido secretario de Estado adjunto de Tesorería y Finanzas, Ricardo Mourinho Félix, quien es primo del entrenador de fútbol José Mourinho.

En la primera fila de la audiencia, el ya ex primer ministro conservador Passos Coelho mantuvo la vista clavada en el suelo durante gran parte de la ceremonia y abandonó el Palacio en el momento en el que concluyó el acto sin hacer declaraciones.

En cambio, Catarina Martins, portavoz del Bloque de Izquierda (BE), y João Oliveira, líder del grupo comunista en la Asamblea de la República, se mostraron visiblemente alegres. Junto a los socialistas, dichos partidos forman parte de una mayoría parlamentaria que ha logrado tumbar el brevísimo Ejecutivo de Passos Coelho y aupar a Costa al Ejecutivo, y que ya ha comenzado a anular las políticas de austeridad del último Gobierno.

Adiós a cuatro años de leyes en cuestión de semanas

Ni el BE, ni los comunistas forman parte del nuevo Ejecutivo, pero una serie de pactos cementan su apoyo al Gobierno Costa, que por su parte ha prometido cumplir los compromisos sociales suscritos con sus socios de la izquierda.

“Este va a ser el Ejecutivo que devuelve la esperanza a los portugueses”, dijo el diputado socialista João Galamba a EL ESPAÑOL. “Vamos a mejorar la vida de todos poniendo fin a una época de durísima austeridad, demostrándole a un pueblo acostumbrado a pensar que no hay dinero, que no estamos condenados a una política de recortes”.

Mañana mismo Costa celebrará su primer Consejo de Ministros, y se saltará el tradicional plazo de 10 días para la presentación de su programa gubernamental en la Asamblea de la República, sometiendo el texto a debate el martes, con vistas a votar su aprobación el miércoles.

Pero por veloz que sea el nuevo Gobierno, la mayoría parlamentaria de la izquierda ha resultado ser incluso más rápida. Ya desde la semana pasada, antes que el Presidente encargara formar Gobierno a Costa, la alianza entre los socialistas, BE y los comunistas emplearon su mayoría parlamentaria para presentar y aprobar “las propuestas del cambio”. La agenda asamblearia de las próximas semanas prevé dar una vuelta radical a las políticas de austeridad del anterior Gobierno en cuestión de semanas.

“Ya estamos promoviendo un programa responsable, moderado, de desarrollo que tiene sentido común y que vamos a llevar a cabo junto con nuestros socios de la izquierda”, declara Galamba.

Desde la derecha del hemiciclo, Helder Amaral, diputado del Centro Democrático Social – Partido Popular (CDS-PP) reconoció sentir “preocupación” ante la oleada de propuestas que pretenden acabar con la legislación que ayudó aprobar como parte de la coalición conservadora del anterior Gobierno.

“Nuestra economía va mejor, pero la situación no está resuelta”, afirma Amaral. “La izquierda está derogando todo lo que permitió la mejora para volver a las prácticas que provocaron la crisis originalmente, incentivando el consumo privado en vez de apoyar a las empresas privadas. Es como dejar de tomar un antibiótico antes de tiempo”.

“Todo esto es una afirmación política del momento de confrontación que estamos viviendo en Portugal ahora mismo. Las elecciones dejaron en evidencia el país está dividido por el medio, prácticamente por el Tejo: en el norte ganamos nosotros, y en el sur los socialistas. No podemos vivir en un país donde cambian todas las leyes cada vez que cambia el Gobierno. Este clima de crispación total es insostenible,” sentenció.

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