El pastor en la pradera calcinada

Es domingo en el cuartel de los Bomberos Voluntarios de Figueiró dos Vinhos, y la villa entera se ha congregado en el patio para celebrar el 83º aniversario de la corporación. Tras el desfile de los infantes –niños de entre seis y 10 años que ya han comenzado su formación para luchar contra futuros incendios–, aparece una sotana blanca entre los uniformes de gala. Es el padre Júlio dos Santos, que viene bendecir a los congregados ante el inicio de una nueva temporada de incendios en la región.

El Padre Julio bendiciendo a los coches de los bomberos voluntarios de Figueiro
El párroco bendice los coches de los Bomberos Voluntarios de Figueiró dos Vinhos.

Dos Santos se crió en Pedrógão y durante las últimas tres décadas ha sido el párroco de la zona. Pasa por cada aldea al menos dos veces por día y conoce a todos los habitantes. Ha estado presente en sus momentos más felices, sus bautizos y bodas, y durante el último año también ha presenciado sus momentos más duros. En las semanas posteriores al incendio presidió los funerales de 62 de las víctimas, vecinos y amigos de toda la vida.

El párroco recuerda cómo la confusión del incendio activo dio paso al proceso de identificación de los cadáveres, al que fue llamado asistir por su familiaridad con los residentes de la zona. “Vi cosas que nunca conseguiré olvidar… De algunas parejas quedó tan poco que juntaron los restos de ambos en un único ataúd. Otros cadáveres estaban fusionados con el aluminio derretido de los coches… Fue terrible”.

El altísimo número de fallecidos obligó al párroco correr de un funeral a otro, y a veces sólo se enteraba de quién iba a enterrar al ver el retrato del fallecido, inevitablemente un ser querido. Pese a la intensidad del momento, Dos Santos dice que su trabajo real comenzó más tarde.

“El mero acto de sobrevivir te llena de adrenalina durante semanas, pero luego eso se disipa y te vienes abajo. Este pueblo –especialmente las mujeres– está acostumbrado al sacrificio extraordinario, la pobreza extrema, la emigración y el hambre. Saben lo que es sufrir, pero esto traspasó los límites”.

El párroco afirma que psicólogos enviados por el Ministerio de Sanidad para atender a los residentes de la zona hicieron muy buen trabajo, pero señala que en muchos casos “el amor de Dios fue necesario para seguir adelante”.

Relata que una de sus feligreses, una mujer que perdió su hija pequeña en el incendio, contempló suicidarse, “algo por lo que ninguno de nosotros la podríamos haber juzgado”. Consciente de ello, Dos Santos la abordó después de misa un domingo y los dos se echaron a llorar. “Empezamos a hablar, y a través de la fe ella consiguió ver que era mejor mantener la memoria de su hija y vivir la vida que ella perdió”.

El Padre Julio bendiciendo a los Bomberos Voluntarios de Figuero dos Vinhos
El Padre Júlio bendice la corporación ante el inicio de una nueva temporada de incendios.

Además de apoyo emocional, el párroco se ha hecho cargo de las necesidades materiales de muchos de los vecinos locales, que hablan de él como si fuera un santo viviente. “Se ha dejado la salud y su dinero para ayudar a los necesitados”, confiesa una de sus feligreses, que admite estar preocupada por la salud del religioso incansable. “No se ha tomado un único día de descanso desde los incendios, y cuando no está dando misa está recorriendo las aldeas, llevando comida, ropa, pañales a quienes se han quedado sin nada. Da el apoyo que no nos llega del Estado”.

Dos Santos evita hablar de su sacrificio personal para ayudar a sus conciudadanos –“¿qué iba a hacer yo con ese dinero?”, sentencia– pero admite que las ayudas estatales a los afectados han sido inadecuadas. “Para los gobernantes somos apenas números, y sin atención las cosas se hacen mal. Me gustaría que los de Lisboa demostrasen que existimos, pues en el interior la sensación es que estamos olvidados”.

“Los de aquí nos ayudamos los unos a los otros, y a mí me hace feliz hacerlo. Ha sido un año terrible, pero siento que cumplo con mi misión como nunca antes, que realizo mi sacerdocio por la primera vez”.


Una versión editada de esta revista fue publicada en el diario EL MUNDO, en su edición del 17 de junio de 2018.

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